"Cielo o infierno, ¿qué importa?"
Charles Baudelaire
Punto, punto, es mi punto final;
recta corría la línea triunfal.
Punto, punto, punto, ya está.
Callejón sin salida, seca verdad
Desatormentándonos.
Desacostumbrándonos.
Desenredando lo hecho,
ya es tarde, adiós
Será el consuelo
el único cielo;
el partir y dejar
piezas en el suelo.
Que otro las junte;
y ya otro las mira,
y halla otros sentidos
buscando en las migas
del pan que amasé;
del pan mío, que amé.
Es el punto final,
se siente; un, dos tres.
Y el salto, qué salto, arriba los pies;
las rocas se chocan una y otra vez.
No salto, sí salto, contando sin ver
mis días, mis noches, todas al revés.
Incomprensiblemente.
Inconfundiblemente.
Impidiendo que llegue
al casillero siguiente.
Quizás ya era tarde,
vienen a buscarme
encapuchados oscuros
y esqueletos de alambre.
Tan negro es el muro,
-sin lamentos, es mentira-;
el muro está hecho
de risas partidas.
De abrazos llorados,
Cuchillos amados.
De santas mentiras,
el muro de mi vida.
Adiós.
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