lunes, 19 de agosto de 2013

Ajedréz orgánico

Los animales salvajes nos temen porque saben que podríamos hacerles los que hacemos con nosotros mismos.
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“Curioso honor se le hace al caballo, al que, siendo la única pieza del tablero que no comprende los motivos de la guerra, se le permite saltar por encima de ella.”

Un día, un sobrino al que le estaba enseñando a jugar al ajedrez me preguntó por qué era que queríamos matar al rey del oponente. Me pareció cómico que entre movimientos de distintas piezas, estratagemas, torres que avanzan sobre tímidos peones y todopoderosas reinas, alguien dejase lugar para semejante pregunta: el por qué de la batalla.
Le dije que así era; que esa era la idea del juego. Sorpresivamente, perdió interés al instante y se fue a hacer otra cosa, dejándome con piezas muertas y una pregunta no tanto. No le di mayor importancia al principio, pero después volví a pensar en lo que me había dicho. Pensé en un ajedrez en el que hubiese que buscar una manera de moverse sin atacar ninguna pieza adversaria. Parece fácil al principio, pero eventualmente el entramado nos lleva a comer una; por error o por malicia. Difícil concebir un juego así.
“B8, D9…”, una reina conoce un alfil del que se enamora perdidamente. Pero no, ella una reina y él tan solo un alfil. Torpe imaginarlo. “G5, A3…”. Un peón roba un caballo con el que escapa lejos, hasta D5, donde nadie los encuentre. Un enroque de negocios. Un jaque mate que se arregla con una boda real. Batallas de palabras y de diplomacia, sin otro bando que el poder. Hasta que por fin una torre, que se deslizaba sin preocupaciones por el eterno piso marmolado, avista al peón que robó, con tanta mala suerte, un caballo del rey. Entonces sí, ahí ya tenemos una guerra. Justificada, o no, pero al menos tendría una razón tangible.

Es cómico pensarlo. O tal vez es más cómico pensar en cómo jugamos nosotros: matar por el puro placer de ganar. Matar porque después de todo son solo piezas sin vida. Marfil austero, marfil adamantino; no más que eso. Marfil y nosotros. Pero si las piezas son nada, ¿quiénes son los que están en guerra?

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