lunes, 2 de septiembre de 2013

Textos en espiral IX

IX

Es difícil concluir una serie de textos que tan marcadamente se oponen a cualquier tipo de final. Es interesante, aunque sea por solo unos instantes, notar los convenientes artificios y engaños que nos rodean. La forma en la que todo lo que no podemos ni queremos entender se empuja debajo de la alfombra de la realidad.
Los siguientes poemas cierran las ideas abarcadas por este conjunto de textos de la única manera que me pareció posible: hablando, primero, de la amargura que sentimos al reconocer los malabares mentales con los que intentamos hacer nuestro mundo más soportable; luego, del desconsuelo que es comprender que, por mucho que lo anhelemos, estas sombras de verdades jamás podrán cambiar verdaderamente la realidad. No creo que nadie pueda resumirlo mejor que mi viejo profesor de Física, que una vez me señaló: “Mi tragedia, y la de las ciencias, fue descubrir que pasa lo que pasa sencillamente porque, siendo las cosas como son, es lo único que podría pasar”.
Pero ya es suficiente introducción; es hora de volver a vivir:

“y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.”
Jorge Luís Borges

*

Y abrí los ojos y comprendí
que aquellas torres de marfil,
que aquellas nubes de papel,
no eran más que un sueño vil.

Un simple engaño programado
que juega con lo que amo.
Me tortura con lo que más temo;
a fin de cuentas, humo lejano.

Odié como solo odia un niño,
y me prometí nunca más soñar.
Era mucho, demasiado dolor
abrir los ojos, y saborear el final.

Luego odié menos; poco, nada;
ya pesaban, mis ojos de madrugada.
Faltaban las fuerzas para pelear,
y en un instante, de vuelta soñaba.

*

…y así me encuentro hoy
en esta triste y tonta espera
de algún vestigio de magia,
secreto, ángel o quimera,

cuando ya sé muy bien
que la única ecuación verdadera
es que las cosas son como son
porque no pueden ser de otra manera.

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