Se dice que el interrogante final sobre el que se cimenta toda la filosofía es desentrañar la razón de nuestra existencia. Creo que allí hay un error, producto de nuestro optimismo e inocencia. Partir de la base de que hay una razón por la que vivir me suena más a deseo que a realidad. ¿Existirá verdaderamente semejante mandato divino que justifique nuestra permanencia en la tierra? Preferiría al menos saber que no lo hay, a esta torpe caricatura de profecía autocumplida.
Tal vez algunos axiomas nacen más en pos de nuestra propia salud mental que como producto de la honestidad intelectual de quienes los forjan. Ahora bien, que lo sepa un error no significa que sea un cínico: entiendo que no soy quién para culparlos.
El único consuelo que queda es pensar que existimos porque nadie lo mereció más que nosotros.
...
¿Somos porque somos
o es que somos porque nos miran?
¿Alcanza con tener sombra?
¿Tan poco arrogante es la vida?
Veo al mundo todo lleno
de irrealidad y espumosos lagos
¿Por qué es que soy yo más real
que cronopios, quimeras, magos?
Hay quienes pueden notar
en el mundo cosas que no existen.
También los hay quienes no pueden;
destinos igualmente tristes.
Unos porque ven a diario
lo que jamás habrán de tocar;
los otros por vivir solo de aire,
ver solo agua en el mar.
¿Y qué hay de los fantasmas
de los dragones, grifos, dioses?
Si yo quiero que ellos existan,
¿no es eso suficiente, entonces?
Es muy chica la vida
si alcanza con ser para tenerla.
Cuerpo y sombra hay que ganarlos,
y ahí sí existen las leyendas.
Ahí sí existen por necesarias,
por su enseñanza dorada y eterna.
Porque de repetirlas tantas veces
merecen que las creamos ciertas
Parecería lo más justo decir,
y que sea este mi corolario,
que somos todos invisibles
hasta que se demuestre lo contrario.
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