Opuestos, siempre
enfrentados, se acercaban
en línea recta,
furtivos, invisibles.
Disimulados,
imperceptibles, se acechaban,
hasta estar a
distancias imposibles.
No eran nada, lo eran
todo; eso eran.
Los vestigios de las
ruinas de pasión.
Hasta que se
encuentran, y ya no bailotean,
y dan lugar a un
triste y agrio adiós.
Son los suspiros de
melancolía apresados,
y al mismo tiempo
libres de volar;
exhalados por dos antiguos
enamorados,
y que ahora eran lo
único en ese lugar.
Porque las románticas
siluetas ya habían partido,
dejando suspiros como
su encuentro final.
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