Roja la vida
Sopla el viento con olor a hielo;
sopla el viento con olor a redención.
¿Qué hay detrás del momento en que das todo lo que tenias?
¿Sería mucho pedir algo por que luchar?
Por tantas cosas dije que moriría
y ya no recuerdo.
Da vergüenza pensar
en las promesas que no fueron verdad.
El abrazo helado de la nieve no me deja ir.
La mejor amante, perdona que la tuve que herir
fabricando agujeros, que eran lagunas de muerte,
y roja la vida, fluía hacia el mar.
Por tantas cosas dije
que algún día volvería,
y ahora solo son fotos,
historias de papel.
Un pie detrás del otro
y la muerte queda atrás.
Un pie detrás del otro
me acercan al final.
No sé si tuve otra vida
que aquella en que todo es obedecer.
Es tonto, pero ya lo entregue todo
por cosas que no recuerdo bien.
El frío congela el alba.
No sé cuál es mi destino, pero lo pienso encontrar hoy.
Sopla el viento con olor a redención.
¿Cuántos pueden decir que se conocen como yo?
Desaparecen los días,
se desdobla el tiempo.
Todo se condensa
en un instante crucial.
¿Cumpliré la promesa de volver
a quienes ya no conozco?
O se hará justicia y moriré,
y la vida fluye al mar.
*
El hijo de las sombras
Soy la vergüenza que
mata;
que quema y que
atrapa.
La comida de las
ratas,
el silencio que
callás.
Soy todas las cosas
que quedan
detrás de la humareda
de lo que prometiste
y no podés pagar.
Soy la dama que va de
blanco,
cuando sabe hasta el
hartazgo
lo que en la
habitación
no se puede perdonar.
Y a vos te consume el
miedo,
no de mí y no de
esto,
sino de lo bien que
te sentís;
y yo soy el mejor
maestro.
Vivo dando el ejemplo
de lo fácil que es
ser así.
Soy una cárcel de
huesos.
Un guerrero de yeso
que grita y se
proclama
como el mejor.
Soy un poeta muerto,
al que se le caen los
versos
intentando que le
crean
lo que no es verdad.
Y este es el camino
que elijo;
no recuerdo quién lo
dijo,
quién aconsejó que el corto es el
mejor;
y vos te acercás a mi
suerte.
Tranquila, que no
duele la muerte,
cuando pasa el frío ya no hay qué temer.
Doy contestaciones
perfectas.
Tengo todas las
respuestas
cuando en realidad
no sé ni qué
preguntás.
Desaparezco, soy
el
hijo de las sombras.
Ese mal que nadie
nombra
y que todos temen y
aman por igual.
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